Entrevista: Daniel Filmus

Foto: Ana Laura Carrega, Embajada Argentina en México

Foto: Ana Laura Carrega, Embajada Argentina en México

Publicada en La Prensa

Con la creación de una secretaría especializada en el conflicto, Buenos Aires busca maneras para que el Reino Unido se siente a negociar por las islas.

DESDE QUE EN 1833 el Imperio Británico tomó el control de las islas Malvinas –llamadas Falklands por los británicos—, Argentina ha intentado recuperar un archipiélago que considera –junto a las islas Georgias del Sur, Sandwich del Sur y “los espacios marítimos circundantes en el Atlántico Sur”— parte integral de su territorio. La disputa ha tenido sus más y sus menos, con negociaciones prometedoras y hasta una guerra, en 1982, que ambas partes preferirían olvidar.

Para Buenos Aires, las Malvinas son tan argentinas como el dulce de leche, ya que fueron heredadas de España al adquirir la independencia en 1816. Los británicos han pasado por varios argumentos, pero hoy insisten en el principio de autodeterminación de los falklanders (que el año pasado expresaron su voluntad de seguir siendo británicos en un controversial referéndum). La ONU, por su parte, decidió hace casi medio siglo que se trata de un caso colonial “especial” y que debe ser resuelto de manera bilateral (Resolución 2065 de 1965). El problema, sin embargo, es que el Reino Unido (RU) se niega a negociar.

El 20 de diciembre de 2013, el Gobierno argentino creó la Secretaría de Asuntos Relativos a las Islas Malvinas. Al frente de ella se colocó a Daniel Filmus, exsenador y exministro de la era Kirchner. Como parte de sus esfuerzos, la Secretaría organizó un encuentro en México D.F. con periodistas de Centroamérica y el Caribe para tratar la posición argentina en la “Cuestión Malvinas”. En ese encuentro, Filmus le concedió una entrevista exclusiva a este diario.

 

Ustedes están haciendo un esfuerzo importante para que se conozca la cuestión Malvinas a nivel internacional. Pero, dentro de la estrategia argentina, ¿qué rol juegan las relaciones bilaterales con el RU?

La paradoja es que Argentina se esfuerza por profundizar las relaciones con RU. Tenemos una embajada allí que hace actividades de todo tipo. Ha crecido el comercio, hay inversiones del RU en la Argentina… después de Francia, RU es el destino más importante para los investigadores argentinos que van a Europa. Tenemos una tradición muy fuerte de relación económica con RU que viene desde los orígenes de la Argentina. Y la Argentina aspira a tener las mejores relaciones desde el punto de vista científico, cultural, económico con RU.

Ello no implica que nosotros sigamos sosteniendo fuertemente esta demanda de diálogo. Las dos cosas son, para nosotros, totalmente compatibles. Nosotros sostenemos un mundo de paz, en el que todas las naciones tengan relaciones entre sí. Lo que sí creemos es que RU debería, en este caso, acceder a lo que la comunidad de las naciones le viene pidiendo, que es sentarse a dialogar con la Argentina.

 

Se habla mucho del tema militar, pero no se menciona tanto que esas bases son también de la OTAN…

No. Son bases británicas.

 

Pero Gran Bretaña es parte de la OTAN, y por ende esas bases están al servicio de la OTAN.

Para nosotros son bases británicas, y asi están definidas. Lo coloco puntualmente porque hay muchos países que son miembros de la OTAN y condenan la actitud de RU en sus declaraciones. Por ejemplo, ahora vamos a firmar acá en Veracruz la declaración de la Cumbre Iberoamericana [el 8 y 9 de diciembre] en donde se critican esas bases militares, y algunos países que firman son miembros de la OTAN.

Estamos hablando de una base militar enorme, desproporcionada para la región, que no solo está en contra de los intereses argentinos –y supone una amenaza para nosotros— sino que Uruguay y Brasil, que también tienen costa en el Atlántico Sur, se han referido a ella. Además, los 21 países africanos que son parte del acuerdo de la zona de paz del Atlántico Sur [ZPCAS] y la CELAC han planteado que América Latina sea zona de paz. Realmente es una provocación que la base esté en la región, y solo se explica porque hay acuerdos internacionales que no se están cumpliendo.

 

Déjeme insistir en el tema de la OTAN. Grosso modo, la alianza es Estados Unidos (EU) más una serie de países que, en general, hacen lo que Washington ordena. Más aún, EU es la única potencia de alcance global, y ese estatus se basa en su control casi absoluto de los océanos del planeta. Parte de ese control, además, se consolidó durante la Segunda Guerra Mundial, cuando Washington tomó el control de casi todas las bases navales británicas en el hemisferio occidental. Con esto, quiero decir que Londres aún posee sus territorios de ultramar porque Washington se lo permite. Ahora, solo con ver el mapa se aprecia el valor estratégico de las Islas Malvinas. ¿Cómo entra todo este asunto RU-OTAN-EU en la estrategia argentina?

Para nuestro país, es una cuestión particular del RU. Y te paso a explicar por qué: si vos leés el informe del Parlamento Británico al Foreign Office, una de las principales críticas que hace el Parlamento es por qué EU no toma una posición de apoyo al RU. Dice exactamente eso, “si nosotros le facilitamos las bases a EU, si los apoyamos en casi todos los conflictos en que está, ¿por qué no nos apoyan?”.

EU ha mantenido una posición coherente durante todos estos años, planteando que es una tema bilateral y que debe ser resuelto entre los dos países, que es lo que plantea Naciones Unidas. Entonces es interesante; EU tiene esa contradicción: es verdad que tiene esta alianza, pero también estamos en América…

 

Se podría pensar que España podría ser un aliado estratégico: tiene una disputa similar a la de las Malvinas con el RU, está en la OTAN y en la UE con el RU y, naturalmente, tiene una relación estrechísima con Argentina. ¿Juega algún rol especial España en este sentido?

Sí. La Cumbre Iberoamericana para nosotros es un puente de la península ibérica hacia Europa, y a que sea comprendida nuestra posición allí. Comprendemos que Portugal y España tienen también sus relaciones con RU y el resto de Europa, pero estamos seguros que esos países –y especialmente España— tienen un rol muy importante para cumplir en que la voz de América Latina, y en este caso la argentina, sea escuchada en la UE. Más aún sabiendo que también España tiene un conflicto pendiente de naturaleza territorial con Gibraltar.

 

Argentina busca que ambas partes se sienten a negociar. Eso recuerda casos parecidos: en su momento, Panamá tuvo que ceder ciertas cosas para firmar los Tratados del Canal, al igual que China con Hong Kong. En ese sentido, ¿se ha planteado hasta donde cedería Argentina?

Bueno, nuestra presidenta en el 2013 planteó con mucha fuerza algo que nos llamó a todos la atención. Dijo que “nosotros no pedimos que nos dén la razón, nosotros pedimos el diálogo”. Por supuesto, una vez que se inicie el diálogo nosotros tenemos que ser conscientes que ello implica escuchar al otro, aunque nuestra propuesta está clara. Y en este caso doblemente, porque escuchamos a un RU que también representa a los isleños, que son británicos. La perspectiva respecto a los intereses de los isleños, su modo de vida y cómo tiene que reflejarse todo eso en un acuerdo la va a plantear RU. Y Argentina va a estar en la mejor disposición para poder acordar.

 

Si Argentina consiguiese mañana todos sus objetivos, ¿qué pasos concretos se tomarían para evitar que se diluyese la identidad y modo de vida de los isleños en una marea de inmigración del continente?

Insisto en que el tema de los intereses está resguardado en la [Resolución de la ONU] 2065 y el tema del modo de vida está en la Constitución argentina. Y nosotros vamos a ser muy celosos en su cumplimiento. Además, la Constitución permite, por ser federal, que cada provincia decida respecto a un conjunto de aspectos.

De cualquier manera, solo el 47% de los habitantes de las Malvinas nació en las islas. Este mismo miedo a que vengan de afuera ya debería sentirse hoy, cuando más de la mitad de los habitantes no nació en la islas. Y de ese 47%, el 40% es primera generación en la islas. Entonces, este impacto de afuera debería preocuparlos hoy también.

También hay que agregar que la integración y la interacción con el continente va a permitir millones de cosas que mejorarán la calidad de vida. Por ejemplo, dónde estudiar. ¡Hoy los jóvenes isleños se van a estudiar a Londres y no vuelven! Ahora, imagina que te vas a estudiar a la Patagonia argentina, donde hay el mismo clima. Vas a estudiar agricultura y tienes la misma tierra. Vas a estudiar veterinaria o piscicultura y tienes los mismos animales. Y vas a volver porque estás ahí. Y te vas a llevar un novio o una novia argentina a vivir o viceversa. En la época en que había negociaciones e interacción hubieron muchas parejas entre isleños y argentinos… esta cuestión de no tener ningún tipo de vínculo no ayuda a los isleños.

 

Los británicos insisten en el tema de la autodeterminación. Además del referéndum en las islas en 2013, hace poco hubo otro en Escocia. ¿Cree que este último tuvo algún impacto en la posición británica con respecto a Malvinas?

No, porque estamos hablando de dos cosas distintas. Nosotros estaríamos de acuerdo con la autodeterminación en el caso de un pueblo que es sojuzgado por otro. Pero en las Malvinas, es el pueblo británico que llegó a desalojar al pueblo argentino.

Esa es la diferencia de fondo, no lo puedes comparar con Crimea, por ejemplo. En el Consejo de Seguridad, Rusia le preguntó a los británicos que cómo defendían la autodeterminación en Malvinas y no en Crimea. Para nosotros no tiene nada que ver. Esta es una situación colonial: tiene que ver con una poblción que no es originaria. ¿Que los isleños quieren ser británicos? ¡Estamos de acuerdo! Y apoyamos la idea de que sean británicos. Lo que no pueden decidir es de quién es esa tierra. Es un derecho distinto.

 

Viendo otros casos, como las devoluciones de Goa o Hong Kong, da la sensación de que en el fondo la situación en las Malvinas es un asunto de poder. Aunque Argentina tiene todos los argumentos a su favor, la estructura real de poder en el mundo no le favorece. ¿A final de cuentas, es la estrategia argentina la de mantener el tema vivo y estar preparado para cuando haya una oportunidad?

Lo que dices es interesante: si uno mira a Argentina, es probable que –pensando en China o en la India— esa capacidad diplomática o económica no la tenga por sí misma. Pero lo que uno ve es que el tema Malvinas es un tema regional. Yo voy a reuniones, y cuando voy a pedir el tema Malvinas me encuentro que ya el tema ha sido incluido por los demás países. Ahora que viene la Cumbre Iberoamericana ya nos pidieron el párrafo de Malvinas, porque no se imaginan una declaración iberoamericana sin ese tema. En el Mercosur nos piden que las declaraciones nuestras sean más fuertes.

Entonces, si el RU es la quinta economía del mundo, y toda la región se pone en una posición donde pide el diálogo, ya es diferente: hay que escuchar a una región. Y esa región es el sur del planeta: el G77 representa 133 países. Es creciente esta idea de que no tiene que haber más colonias. Entonces la apuesta argentina es que también un orden internacional más justo va a incidir en que la región tenga un peso mucho mayor. El aumento del peso de América Latina en el concierto de las naciones me parece que es una de las llaves fundamentales para que el RU se pueda sentar a dialogar.