Entrevista: James Stavridis

Foto: Kelvin Ma/Tufts University

Foto: Kelvin Ma/Tufts University

Publicada en La Prensa

Uno de los militares más brillantes y exitosos de la historia estadounidense analiza la situación global, incluyendo a Panamá

SE BUSQUE POR donde se busque, es difícil encontrar una carrera militar más exitosa que la del Almirante James Stavridis (Florida, 1955). Su graduación en 1976 de la Academia Naval estadounidense –con honores— marcó el comienzo de un camino repleto de éxitos académicos y, sobre todo, logros militares. Entre 2006 y 2009 lideró el Comando Sur (CS) –ahora basado en Miami—, del que saldría para asumir uno de los cargos más importantes del planeta: Comandante Supremo Aliado (CSA) de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Al día de hoy, continúa siendo el único oficial naval en haber ostentado ambos cargos.

Tras su retiro como CSA en mayo de 2013, Stavridis fue nombrado decano de la Escuela Fletcher de Derecho y Diplomacia en la Universidad de Tufts (Massachusetts, EU), en donde ya había obtenido una maestría y un doctorado en 1984. Habiendo publicado docenas de libros y artículos en los medios más importantes del mundo, Stavridis es una de las voces más autorizadas para analizar la actual situación global, especialmente desde el punto de vista estadounidense.

 

La posición global de Estados Unidos (EU) se debe a su superioridad naval y a su control de los océanos del mundo. Esa situación parece estar comenzando a cambiar, con la expansión naval china y la búsqueda de superioridad rusa en el Ártico. ¿Cómo ve el futuro?

Creo que EU continuará siendo una potencia marítima significativa por el futuro previsible. Tenemos costas enormes y vecinos maravillosos a nuestro norte y sur. En muchas maneras EU es una enorme isla-nación, y las líneas marítimas de comunicación son extremadamente importantes para nosotros.

La Armada estadounidense es –de lejos— la fuerza naval preeminente en el mundo, tanto en capacidades como en número de naves. Tienes razón, la Armada china está creciendo en tamaño y potencial, pero por ahora permanece muy enfocada en el mar del Sur de China y en Asia Oriental. La Armada rusa, si bien tiene fuertes capacidades en submarinos de misiles balísticos, no tiene prácticamente portaaviones y sus naves de superficie no son particularmente competentes.

EU, por otro lado, disfruta de fuertes alianzas no solo con los países de la OTAN sino también con Japón, Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda, por lo que hay mucho potencial naval –y muy bueno— alineado con EU. Por eso, creo que EU seguirá disfrutando de una posición muy fuerte en el mundo marítimo.

 

Desde el final de la Guerra Fría, el tema de la raison d’etre de la OTAN ha sido amplia –y acaloradamente— discutido. Con la retirada de Afganistán en el horizonte, ¿cuál debería ser el rol de la OTAN en el siglo XXI?

Creo que el rol de la OTAN seguirá basado en tres puntos particulares. Uno es la base de seguridad de la relación transatlántica: mantener a EU y Canadá –los socios norteamericanos— trabajando de cerca, entrenando y haciendo ejercicios con las 26 naciones europeas.

En segundo lugar, la OTAN seguirá muy enfocada en la defensa colectiva: para nosotros, un ataque a una nación de la OTAN es un ataque a todas las demás. Este es el artículo 5 del Tratado. Por ejemplo, si Rusia decidiera atacar a Estonia a raíz de la presencia de minorías rusas allí, habría una respuesta enérgica por parte de la OTAN. Este rol de defensa colectiva seguirá siendo vital, y seguramente será el centro de atención durante la cumbre [del 4 y 5 de septiembre] en Gales.

Finalmente, creo que NATO seguirá preparada para llevar a cabo operaciones para mantener la paz y las llamadas operaciones “fuera de área”. En Afganistán, por ejemplo, tengo confianza de que la OTAN mantendrá unos 15 mil soldados. De la misma manera, creo que continuará la misión en Kosovo. Veo también a la OTAN involucrada en operaciones antipiratería y respondiendo a flujos migratorios. Hay mucho trabajo para la OTAN, y creo que continuará siendo relevante en este siglo XXI.

 

¿Cómo se aplica esto a la situación en Ucrania?

Ucrania no es miembro de la OTAN, así que la alianza no responderá militarmente a la anexión de Crimea. Sin embargo, la alianza condena la anexión de Crimea, ha impuesto sanciones a Rusia, hemos roto la cooperación militar y vamos a –creo yo— a dar ayuda y asistencia al ejército ucraniano.

 

¿Y en Siria e Irak?

La OTAN ha dicho que no ve un rol para sí misma en esa región. Mi opinión personal, sin embargo, es que a la larga –y considerando la amenaza que los yihadistas con pasaporte europeo y estadounidense representarán para Europa— la alianza va a tener que –como mínimo— ayudar a Turquía a defender sus fronteras.

 

Volvamos a Ucrania. ¿Cómo ve la situación allí y cómo la enmarcaría en el contexto del supuesto fin del orden post-Guerra Fría?

Para empezar, no soy partidario de la teoría de que EU es una nación en decadencia. Su población está creciendo, tiene una economía fuerte, un ejército formidable y es una nación innovadora. La gente sigue haciendo filas en nuestras embajadas por todo el mundo para conseguir visas que les permitan venir a vivir y trabajar en EU. Más recientemente, los avances del fracking [fracturación hidráulica, técnica para extraer petróleo y gas del subsuelo] y el gas natural harán de EU un país energéticamente independiente en 5 años.

Dicho eso, creo que Rusia tomó una decisión estratégica pésima al intentar presionar a Kiev para impedir un acuerdo económico con la Unión Europea. Creo que eso va a revigorizar a la OTAN y a perjudicar las relaciones entre Rusia y Europa, además de abrir el mercado europeo al gas natural estadounidense. Fue un error de juicio fundamental.

Ahora, a pesar de estar en completo desacuerdo con lo que ha hecho Rusia, tenemos que encontrar maneras de trabajar con ellos en grandes problemas globales como Irán, Siria, antiterrorismo, antinarcóticos, antipiratería o el Ártico. No vamos hacia una nueva Guerra Fría, pero debemos condenar el comportamiento ruso, al anexarse una parte significativa de una nación soberana.

 

Irak y Siria. ¿Cómo ve la situación allí?

Creo que allí ocurre una tragedia, que es el fuerte antagonismo entre suníes y chiíes a lo interno de la fe islámica. Esa es la raíz de lo que ocurre en Siria e Irak, cuya población es mezcla de ambos grupos. Revistiendo esto está el conflicto geopolítico entre Arabia Saudita –país suní— e Irán –país chií— que están exacerbando el problema al ayudar a sus correligionarios en estos países.

Este tipo de guerra religiosa puede seguir por mucho tiempo, algo que sabemos por la historia europea. Como recordarás, en los siglos XVI y XVII varias guerras ocurrieron entre católicos y protestantes [las llamadas Guerras de Religión] en distintos países de Europa. Duraron más de 100 años [aproximadamente de 1524 a 1697] y terminaron matando hasta un tercio de la población de muchos países europeos. Por eso soy pesimista con respecto a Siria e Irak.

 

¿No cree que, en el fondo, todo esto pone de relieve que el rol del Islam en la política continúa irresoluto?

Creo que sí, pero también es importante recordar que estamos hablando de un segmento del Islam. El Islam es una gran religión global, practicada por cientos de millones de personas en todo el mundo. La gran mayoría de ellos vive en paz, cría a sus hijos y participa en los procesos políticos. Pero hay una pequeña fracción que se ha radicalizado, y a ese pequeño grupo se le ha permitido crear una cantidad enorme de tensión y violencia dentro del mundo musulmán. Le corresponde a todo el mundo musulmán impedir que esta pequeña fracción siga creando tanta violencia.

 

¿Cree que, como se ha señalado recientemente, la amenaza del Estado Islámico para Occidente ha sido exagerada por los medios?

Exagerada quizá sea un término muy fuerte. Diría que los reportes iniciales sobre el IS lo pintaban como una fuerza que iba a arrasar con el mundo árabe y que nada podría detenerla. Creo que nos hemos dado cuenta que el IS tiene limitaciones significativas en cuanto a número de efectivos, logística, falta de apoyo popular. Además, tiene desafíos reales externos, incluyendo al ejército iraquí que comienza a recuperarse y defender su territorio.

Dicho eso, creo que el IS sí constituye una amenaza significativa para Irak y para Siria. Y creo que es necesario que ayudemos a los moderados en contra de ellos. Su nivel de brutalidad y su objetivo declarado de crear un califato no pueden continuar.

 

Usted estuvo al frente del Comando Sur. Por muchos años, el CS estuvo basado en la Zona del Canal de Panamá, y en 1989 ejecutó la invasión a Panamá, con uno de sus predecesores, Max Thurman, al frente. ¿Cómo se interpreta la invasión en los círculos militares estadounidenses?

La invasión a Panamá fue una operación muy corta y discreta para aprehender a un criminal, el general Noriega, que era un dictador y un enorme narcotraficante que, además, permitía que su ejército atacara a soldados estadounidenses y sus familias. EU no ocupó el país: nos fuimos y le pasamos el poder a un Gobierno elegido democráticamente. Poco después, EU le entregó el Canal a Panamá y el CS movió su base a Miami, que es donde estaba cuando me tocó liderarlo.

Hoy, EU mantiene una relación calida y positiva con Panamá. Tenemos un alto nivel de comercio, nuestros ejércitos cooperan [sic], el general Noriega sigue en la cárcel –donde debe estar— y creo que esa operación particular le salió bien a Panamá. Creo que Panamá es un mejor país con democracia y buenas relaciones con EU, y un mejor país tras la partida del general Noriega.

 

Hablando del CS, ¿qué opina de las relaciones hemisféricas?

Como siempre digo, EU es solo una nación más en las Américas. Soy un fiel creyente en la idea de la colaboración interamericana. De hecho, escribí un libro al respecto [Partnership for the Americas, 2010] en el que expongo mis opiniones sobre las relaciones entre EU y Latinoamérica. Creo que somos mucho más fuertes juntos, pensando en las Américas como un grupo unido de naciones.

Como sabes, hasta el 15% de la población estadounidense es de origen latino y habla español como primer o segundo idioma. Se espera que ese porcentaje se doble para la mitad del siglo. Hoy, EU es el segundo país más grande de habla hispana, solo por detrás de México. Para la mitad de este siglo es posible que seamos el país con más hispanohablantes del mundo.

Así que creo que el futuro de las relaciones entre EU y Latinoamérica es brillante. Eso sí, EU necesita trabajar duro para superar algunos episodios del pasado, que no siempre ha sido el mejor. EU no solo invadió Panamá sino que –en algún u otro momento en los últimos 150 años— ha invadido varios países latinoamericanos incluyendo a México, Nicaragua, Cuba y otros. Es importante que EU supere ese historial. Y creo que es eso es muy posible dado el rumbo demográfico que el país está tomando, lo que lo conectará mucho más con Latinoamérica y el Caribe.

 

Como almirante, ¿cómo describiría la importancia del Canal de Panamá?

Absolutamente vital. Panamá está haciendo un gran trabajo administrando el Canal. Lo digo como marinero profesional: pasé por el Canal en los ochentas –cuando aún era administrado por EU— y volví a pasar más recientemente como comandante de la Armada. El canal está mejor administrado hoy por Panamá que en ningún otro momento por los estadounidenses. Además, Panamá está expandiendo el Canal de manera muy responsable.

 

¿Qué le parece el proyecto del Canal nicaragüense? ¿Puede un ente no-estadounidense construir semejante proyecto lo que Nicholas Spykman llamó el “Mediterráneo estadounidense”?

Creo que es improbable que Nicaragua construya un Canal por una multitud de razones, principalmente económicas. Será muy difícil para los nicaragüenses competir efectivamente con lo que Panamá ya tiene. Creo que la expansión del Canal panameño fue una motivación [para Nicaragua], pero es que ya hay tanta infraestructura y tanta inversión en el Canal de Panamá que veo muy improbable que un proyecto rival tan grande tenga mucho sentido económico.

En cuanto al Caribe, no sé si “Mediterráneo” es la expresión adecuada. El mar Caribe es el corazón compartido de las Américas, y creo que todos los países que lo rodean deberían colaborar para mantener la paz en él. Recordemos que el Mediterráneo sufrió de dos mil años de guerras, mientras que nunca hemos tenido una guerra en el mar Caribe. Es un lugar pacífico, y debemos asegurarnos que siga así.

 

El deshielo del Ártico podría resultar en cambios profundos en las rutas marítimas. Si estuviera a cargo del Canal de Panamá, ¿cómo se prepararía para esto?

Haría exactamente lo que está haciendo Panamá: administrar el Canal eficiente y seguramente, ampliarlo para aumentar el acceso, y crear una campaña de comunicación estratégica para enfatizar toda esta inversión y excelencia dentro de la comunidad del comercio marítimo global.